Renovables

El Sol es el responsable de casi todas las fuentes de energía inagotables que tenemos, al generar corrientes de aire, evaporación, nubes y lluvias, de las que surgen diferentes formas de energías renovables como la eólica, hidráulica, geotermia, biomasa, etc. La Tierra recibe energía solar equivalente a 10.000 veces el consumo energético mundial, con una radiación anual media en España entre 2000 – 1400 kWh/m2. En el caso, por ejemplo, de la provincia de Cáceres disponemos de 2698 horas de sol al año con un aporte de 1680 kWh/m2.

Pero el hecho es que, como viene denunciando la comunidad científica desde hace décadas y reconocido ahora en órganos gubernamentales, el cambio climático generado por las emisiones de CO2 eq, exige que prime la razón y el bien común a otros intereses, concediendo prioridad a todas las fuentes de energía no contaminantes. En una conferencia de un reconocido naturalista español, al mencionar esos hechos, puntualizaba que lo que diferencia a una buena persona de la que no lo es, es la perspectiva del bien futuro común y resultan de dudosa ética aquellos que no desean un mundo mejor para sus hijos.

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Smart Home

La incorporación de la domótica a una vivienda aporta un gran ahorro energético al optimizar el consumo al que justamente se necesita aprovechando los recursos naturales, además de aumentar el confort, gestionar la calidad del aire interior, ofrecer comunicación de avisos de anomalías e información de funcionamiento, gestión remota y seguridad.

El control inteligente puede ajustar la iluminación artificial en función de la luz natural y la presencia de personas; gestiona la climatización en función de la temperatura exterior, horas de ocupación, porcentaje de humedad, calidad del aire y la presencia efectiva de personas, detectando ventanas abiertas, accionando su apertura y cierre, y accionando toldos, persianas y cortinas en función de la radiación existente e iluminación necesaria; programa el accionamiento de los electrodomésticos según tarifa horaria, detecta aparatos en stand by y corta circuitos si se va a superar la potencia contratada. La domótica puede localizar fugas de agua y gas cortando el suministro en caso de ser necesario, controlar el riego en función de la humedad de la tierra, gestionar el aprovechamiento de aguas grises y, con la incorporación de grifería inteligente, disminuir el consumo de agua caliente controlando temperatura y caudal. Puede llegar a gestionar la producción de energía mediante sistemas renovables contabilizando la producción y consumos. Otro aspecto de estos sistemas es la seguridad mediante vigilancia, detección de incidencias y averías, alarmas de intrusión, cierres automáticos, control de cámaras, alarmas de incendio, humo, fallo del suministro, etc. El control remoto de todos los elementos del hogar y otros aspectos de comunicación es otra de sus aplicaciones.

Hay tres tipos de tecnologías en el mercado. Las más utilizada hasta ahora son la tecnología con cable y la tecnología sin cable con equipos que funcionan por radio, ambas superadas por tratarse de sistemas cerrados sin ser competitivas en lo económico. Por último, y emergente, se encuentra la tecnología digital que, mediante asistentes virtuales, interconectan experiencias y se enriquecen a través de la inteligencia artificial.

Esta tecnología, la digital, permite la conexión de todos los electrodomésticos y sistemas señalados con un Smartphone desde el que los puedes monitorizar. Estar todo en conexión puede permitir, por ejemplo, que la calefacción se active automáticamente cuando tu smartwatch se sitúe a una distancia determinada o sepas si ha llegado alguna persona a casa y quién. Esto tiene otra derivada; la privacidad se ve afectada por la hiperconexión aunque, en sentido positivo, también sirve para la conexión real de la casa inteligente con la ciudad eficiente, permitiendo a las administraciones públicas ajustar los servicios a lo que los ciudadanos realmente necesitan y programando ayudas destinadas a resolver las deficiencias reales cuantificadas por lo veraz, no por estimaciones.

Descrita la importancia de estos sistemas en el ahorro, se hace necesario actualizar el sistema de certificación energética de los edificios incorporando la domótica como un elemento que mejora la eficiencia tal como demuestran diferentes estudios, pudiendo ser calificado, incluso, en tiempo real con la tecnología digital.

En ensayo realizado por CEDOM en dos inmuebles, uno domotizado y otro no, los ahorros producidos son: 11 % en agua caliente, 17% en calefacción, 20% en pequeños electrodomésticos, 25% en aire acondicionado y 80% en iluminación.

Debe tenerse en cuenta la estructura del consumo total residencial de energía por servicios (Eurostat): Calefacción 47,0%, ACS 18,9%, cocina 7,4%, refrigeración 0,8%, iluminación 4,1%, electrodomésticos 19,4% y standby: 2,3%.

Fotografía www.truetalk.es

Climatización eficiente

La climatización es un aspecto fundamental en la vida cotidiana con efectos directos sobre la salud y es responsable de más del 47% de la factura energética. Si se tiene en cuenta la distribución de ahorros posibles – 57% si se actúa en la envolvente del edificio, 23% si se hace sobre los sistemas y 12% si se incorpora energía renovable -, lo primero es proceder sobre las fachadas evitando dejar escapar la temperatura adecuada del interior, favoreciendo el aporte de radiación solar directa en invierno y evitándolo en verano, ventilando, de forma cruzada, no más de 10 minutos en días de frío y otras pequeñas acciones que responden al sentido común.

Los sistemas más comunes utilizados para uso doméstico son los que generan calor mediante combustión – calderas -, los que producen frío y/o calor mediante ciclos de compresión – bombas de calor – y los que propagan calor por efecto Joule – utilizan una resistencia-. Las calderas más eficientes son las de condensación y las de biomasa con ahorros de un 30% y un 55% respectivamente. Los sistemas menos aconsejables son los basados en efecto Joule – braseros y radiadores eléctricos – ya que consumen más del doble de energía que el calor que genera. En cuanto a sistemas de ciclos de compresión – bombas de calor – son equipos de alta eficiencia con rendimientos superiores al 300% es decir, generan tres veces más energía térmica que la energía final que consumen, que pueden estar apoyados por geotermia – utiliza la temperatura del suelo – o aerotermia – utiliza la temperatura del aire – consiguiendo ahorros de un 75% respecto a sistemas convencionales. La distribución del calor o frío puede ser por convección o radiación por radiadores o suelo radiante, siendo el segundo más eficiente al necesitar menor temperatura, ahorrando hasta un 20%.

Agua caliente eficiente

El sistema que se utilice para producir agua caliente sanitaria puede proporcionar ahorros de hasta un 70% y suele estar ligada a la calefacción. Los sistemas existentes son tan variados como combinaciones posibles entre fuentes de energía y equipos. Básicamente son los que generan agua caliente consumiendo energía eléctrica, gas o solar, aunque hay otros que usan la biomasa, el calor del suelo o el del aire, que suelen emplearse  para simultanear la producción de calefacción y agua caliente.

El sistema de calentamiento mediante termos o calderas eléctricas es el menos recomendable por ineficiente al utilizar una resistencia eléctrica y, por tanto, con un rendimiento con respecto a energía primaria de menos de la mitad, es decir, necesita el doble de energía primaria que la energía térmica útil que genera.

Las calderas de gas pueden ser: atmosféricas que utilizan el aire del interior del inmueble para la combustión y cuya fabricación está prohibida por su peligrosidad, estancas que toman aire del exterior y a éste vierten los gases de combustión y de condensación que reutilizan el calor latente de los gases de combustión obteniendo rendimientos hasta del 109%, ahorrando hasta un 35% de energía y dejando de emitir el 75% CO2 eq respecto a una convencional, pagando su coste con el ahorro que produce durante 4 años.

La solar térmica genera agua caliente al captar la radiación mediante colectores por el que circula un fluido que a su vez calienta el agua de suministro de un depósito. Hay dos tipos: termosifón -el fluido térmico circula sin ser bombeado- o forzado, siendo este último el que mayor rendimiento alcanza. Este tipo de energía cubre el 90 – 100 % de la demanda en verano y el 60 – 70% en invierno, por lo que requiere energía de apoyo como una caldera de condensación termostática y modulante que sólo eleve la temperatura necesaria.

Ahorrar agua para preservar la vida

La necesidad de usar el agua de forma racional lo indica el hecho de que sólo el 2,5% del agua del planeta es dulce y, de éste, el 79% está en forma de hielo, por lo que el agua dulce disponible representa el 1% del total incluido el que se encuentra en acuíferos de difícil acceso. Además, el ciclo integral del agua – captación, potabilización, suministro, alcantarillado y depuración – lleva asociado el consumo del 2-3% de la energía con emisiones de 9 kg de CO2 eq por cada metro cúbico de agua. Por ello, el consumo eficiente conlleva ahorro económico y de emisiones de CO2 eq.

El consumo doméstico medio diario en España es de 136 litros por habitante (INE 2016), siendo el 27% en el inodoro, el 36% en baño/ducha, el 20% en la colada, el 11% en cocina y el 6% en limpieza. Se estima que un consumo responsable es de 100 – 120 litros por habitante que se puede conseguir con la modificación de determinados hábitos y la incorporación de baratas medidas tecnológicas.

Cada descarga del inodoro son 9-10 litros de agua, por lo que se debe utilizar sistema de doble desacarga – 9-4 litros -, colocar una botella en el tanque para disminuir su volumen y no usarlo como papelera. Cerrar los grifos mientras uno se lava los dientes ahorra hasta 10 litros; ducharse en vez de bañarse, 150 l; e incorporar un reductor de caudal / aireador, 50 l (50%). Especial atención debe tenerse con las fugas ya que un grifo que gotea pierde 30 l al día. Utilizar lavadora y lavavajillas a plena carga o tener jardines compuestos de plantas autóctonas con riego nocturno para evitar la evaporación, colaboran a un consumo eficiente del agua.

No se debe olvidar que el agua residual que generemos esté lo menos contaminado posible evitando tirar medicinas, colillas, restos de comidas, tampones, preservativos, aceites y utilizando las dosis justas de detergentes, geles y champús.

Iluminación eficiente

La iluminación más eficiente energéticamente es la natural aunque debe ser controlada mediante apantallamientos, dosificación o redirección, sustituyéndose por iluminación artificial ante la ausencia de la natural.

La iluminación artificial la compone la luminaria y la lámpara, y el consumo viene determinado por ambos.

Una iluminación adecuada aporta bienestar, favorece el rendimiento y mejora el sueño. Esta adecuación depende del nivel de iluminación, la temperatura de color y el grado de reproducción cromática, debiendo paliarse el efecto de los rayos ultravioleta (onda corta) que decolora los objetos y la radiación infrarroja (onda larga) que aporta calor. El nivel de iluminación debe ser acorde a la actividad que se desarrolle no siendo inferior a 200 lux, la temperatura de color   será   inferior   a   3300 ºK para un ambiente cálido o superior a 5300 ºK para un ambiente frío y un grado de reproducción cromática más cercano a 100 cuanto más se pretenda se parezca a la luz natural. No debe obviarse el índice de deslumbramiento o apertura que garantizará una calidad lumínica óptima en el plano de trabajo.

Para un mismo nivel de iluminación, la elección del tipo de lámparas influirá en los consumos energéticos, obteniendo importantes ahorros respecto a las lámparas incandescentes; las halógenas consumen un 23 % menos y duran 250 horas más; las fluorescentes compactas consumen un 77%  menos, duran 9250 horas más y tienen un grado de reproducción cromática entre el 75%-98%; las LED que consumen un 80% menos y duran 19250 horas más (siempre que se trate de lámparas de calidad, ya que si su disipador no lo es, el exceso de temperatura puede afectar a su electrónica); y así con otras menos comunes para uso doméstico.

Además de la elección de las lámparas, las medidas correctoras pueden ser sustituir los balastos ahorrando un 30%, incorporar interruptores crepusculares que complementan la luz natural hasta el nivel de iluminación necesario ahorrando hasta el 70%, zonificar circuitos, implementar con detectores de presencia ahorrando hasta un 30%, adecuar los niveles de iluminación sólo hasta lo necesario y según el flujo luminoso de las lámparas, y un sinfín de mejoras tecnológicas de bajo coste y alta eficiencia adecuadas a cada caso concreto.